jueves, 20 de enero de 2011

La dominación política V

Pero aquel sistema de la ciudad-estado no podía durar y, tras muchas vacilaciones, guerras y alianzas, apareció en el horizonte una nueva fuerza política basada en la antigua monarquía tribal que daría al traste con la independencia, que no autonomía, de las poleis: Macedonia.

Este régimen aportó pocas novedades al panorama político pues, una vez conquistadas las posesiones persas, Alejandro y sus sucesores intentaron imitar, consiguiéndolo casi siempre, con excepción del mundo griego peninsular que, como ya se ha señalado, mantuvo una cierta autonomía que, en algunos casos, llegó a la guerra por la independencia para volver a su antiguo sistema pero era un sistema que los propios griegos con sus mutuas rencillas e interminables guerras habían imposibilitado al debilitar tanto las instituciones como la economía y la sociedad. Ellos que, unidos, habían conseguido derrotar al hasta entonces invencible ejército persa fueron incapaces de hacer lo propio con un reyezuelo del Norte, Filipo, padre de Alejandro, que supo utilizar, para su provecho, las rivalidades existentes y formar así la base de lo que más tarde serían monarquías helenísticas, es decir, aquellas monarquías resultantes de la partición del gran imperio alejandrino entre sus principales generales, unas monarquías sobre las cuales se ha hablado mucho como centros de irradiación cultural olvidando que esto sólo lo eran las pocas poleis que en ellas se establecieron en las cuales todos los griegos eran iguales pero éstos sólo eran una muy escasa minoría en una población fundamentalmente agrícola y explotada por el mundo urbano.



Además, para desdicha de las egoístas poleis, en el oeste estaba llegando al culmen de su poder la Urbs o polis por excelencia, aquella urbe que llegó a dominar casi todo el orbe conocido luego de una larga y conflictiva historia política que trataré de resumir en pocas páginas:

Como en todos los pueblos, el nacimiento de una civilización se pierde entre la mitología y la leyenda, Virgilio llevó sus orígenes hasta la caída de Troya tras la cual, Eneas, con su familia y amigos, una vez pasada la típica odisea, llegaron a las costas italianas en las cuales, luego de un iliada, se instalaron. Naturalmente la Eneida no pasaba de ser un panfleto político para halagar a Augusto, primer emperador romano aunque nunca tuviera este título, y hacerle descender por línea directa de Eneas, un héroe troyano de los pocos que quedaron con vida, y, a la vez, ni más ni menos que de la propia Venus, madre de Eneas. Todo esto tendría consecuencias posteriormente con la divinización del emperador pero, antes, Virgilio había pedido a sus amigos que no diesen a conocer su obra, que la destruyeran por cuanto un gran poeta como él no podía dedicarse al simple panfleto no obstante sus amigos, quizá también para halagar al príncipe reinante, no le hicieron caso y ahora hemos de citarla siempre cuando se quiere hablar de los orígenes de los romanos quienes, hasta entonces, no pasaban de sus primeros pasos a poco antes del 21 de abril del 753 a.C., más concretamente cuando Rea Silvia sin, al parecer poner ella nada de su parte -situación que se repite mucho a lo largo de la mitología de los pueblos de forma sospechosa normalmente para designar a personajes sin ningún tipo de parentesco con los grupos dominantes en ese momento, es decir, un parvenue-, fue preñada mientras dormía, por nada más y nada menos que el dios Marte -ya tenemos a Venus y Marte, el amor y la guerra, en los orígenes del pueblo romano, dos dioses que, por cierto, también tuvieron su historia de amor que terminó en una red-. De ella nacieron dos gemelos, Rómulo y Remo, quienes, tras sufrir unas peripecias al estilo de Moisés, terminaron como Caín y Abel aunque para los romanos, descendientes de Marte, fue el matador su primer rey mientras condenaban al vencido al semiolvido. Claro que con Rómulo no supieron qué hacer y lo hicieron desaparecer en medio de una tormenta en una primera ascensión a los cielos muy similar, por cierto, al episodio de Elías que narra la Biblia

Estos primeros siglos permanecen en la bruma. Al parecer, estuvieron bajo la tutela o hegemonía de la civilización etrusca pero su historiografía tradicional apenas se ocupa de este aspecto y se centra principalmente en la época republicana, para ellos, aristócratas o personas a su servicio, aquélla en la cual lograron conseguir la plasmación de su ideales si bien en constante lucha contra las clases bajas de la población. Muy probablemente, al igual que en Grecia, la monarquía debió apoyarse en fuerzas ajenas a la aristocracia si quería sobrevivir y, teniendo a mano a los etruscos, ¿para qué iban a necesitar a la plebe? Pero también, por las noticias que tenemos, la hicieron algunas concesiones por lo cual, cuando fue derribada la monarquía por la triunfante aristocracia, el pueblo añorase (o eso parece debido a algunos testimonios muy poco claros de los historiadores romanos) la monarquía y no tardaron en surgir conflictos de todo tipo entre las dos clases entonces dominantes en Roma: los patricios, como poseedores de los resortes económicos, y los plebeyos, en cuyo haber estaba el número.Ya en el 494 (la República se instaura en 510) surgieron los primeros enfrentamientos serios que, habitualmente, tenían carácter tanto político (mayor representatividad para la plebe, más derechos ciudadanos) como económicos (éstos los trataremos en el capítulo correspondiente): en aquel entonces la plebe abandonó la ciudad, en lo que puede considerarse quizá como primera huelga política documentada, ante una amenaza bélica por lo cual los patricios, atemorizados, tuvieron que ceder en algunos puntos pero, principalmente, de orden político debido a lo cual los celtas pudieron ser rechazados. Por otra parte, no hemos de olvidar que

la plebe de la Roma republicana comparte con los patricios y con los nobiles, las cargas y sacrificios de la guerra [...] la plebe se siente satisfecha y honrada por las muchas victorias que el ejército romano alcanza. Llega, sin embargo, un momento en que no se conforma con eso, en que quiere tener voz, saber con quién se lucha y con quién se vive en paz, intervenir en las decisiones que afectan a todos y en las elecciones de quienes can a mandar, en suma, quiere participar en la dirección de los asuntos del Estado.“[1]

Y, poco a poco, lo va consiguiendo, los patricios van cediendo en algunos puntos, las magistraturas se van abriendo a los plebeyos, incluso se crea una nueva, el tribunado de la plebe que puede, mutatis mutandi, equivaler a nuestro defensor del pueblo, que era inviolable, es decir, nadie les podía matar ni tan siquiera agredir si no quería caer en la ira de los dioses y, lo que era peor, sufrir fuertes castigos. No recuerdo ningún caso en que un tribuno fuese asesinado durante su mandato (con excepción de Julio César) aunque a los Gracos, no bien terminaron sus respectivos mandatos, lo mismo les sucedió a sus vidas.


[1] BLANCO FREIJEIRO, Antonio: La República de Roma, en Historias del Viejo Mundo vol 12 Información y Revistas (Madrid, 1988), p. 54

1 comentario:

P dijo...

Hay un alto nivel en esta bitácora, propia de un científico social y convencido enemigo del neoliberalismo, entre otros detalles.

Visitaré este blog con frecuencia.

Muy cordiales saludos.