sábado, 28 de junio de 2008

Formas de dominación. La Prehistoria III

Casi contemporáneo de los australopitecos era el homo habilis pero poco más sabemos de éste que de sus coetáneos -ha habido investigadores que les han dado preferencia en la edad pero es una teoría que parece haber sido desechada en la actualidad- a excepción que ellos, al parecer, sí fabricaban herramientas strictu sensu por cuanto las que se atribuyen a los primeros homínidos no están del todo certificadas sin embargo de estos humanos sí nos quedan restos aceptados por todos los paleoantropólogos -o casi todos, siempre pueden encontrarse excepciones, ésta no es una ciencia exacta aunque sólo sea por el simple hecho de que no poseemos los datos suficientes para alcanzar tal estado privilegiado- y, cuando nos referimos a herramientas, queremos decir utensilios de piedra por cuanto no sabemos qué eran capaces de hacer con la madera o los huesos, útiles que desaparecen con el tiempo sin dejar restos cosa que no sucede con la piedra. Ciertamente, no eran unos artefactos muy elaborados pero ya denotaban una inteligencia comprensiva y, como se ha dicho respecto a los australopitecos, la capacidad de transmitir su conocimiento al resto del grupo pero seguimos sin saber si tales herramientas las usaban para arrancar tubérculos, machacar huesos de los cuales extraer el tuétano o directamente para cazar ni tan siquiera si eran utilizadas tal cual o enmangadas en palos que permitieran un mejor manejo de las mismas y, sobre todo, si eran utilizados contra sus congéneres -olvidaremos aquí las posibles luchas interraciales a las cuales han sido tan aficionados los antiguos paleoantropólogos quizá motivados por la época en la cual vivieron- pues es éste el asunto que aquí nos interesa. O bien si existía algún tipo de dominio dentro de los grupos en los cuales algún individuo tuviera preeminencia sobre los demás en alguno o en todos los aspectos de la coexistencia... Nada hay que nos pruebe una cosa u otra. En realidad, hasta no llegar al Homo sapiens, no tenemos pruebas de diferenciaciones sociales o de otro tipo por cuanto aquéllas que se han presentado como tales bien pueden significar cosas distintas a lo que opinan los descubridores todos ellos muy imbuidos de su mundo. De los neandertales sí sabemos -o suponemos, tampoco en esto se ponen de acuerdo los estudiosos a pesar de las múltiples pruebas- que enterraban a sus muertos o, al menos, a algunos de ellos, ciertos yacimientos parecen irrefutables al respecto pero en muchos de ellos es curioso el hecho de que, al lado de personas adultas, figuren niños como en La Ferrasie (Francia) o en Gafzeh (cerca de Nazareth, Palestina): ¿qué significado podía tener esto? ¿eran enterramientos que se abrían varias veces para depositar a toda una familia como los modernos panteones? ¿Morían los padres y, acto seguido, se sacrificaba a los hijos? ¿o no eran los propios hijos los sacrificados en las tumbas de otras personas? Si aceptamos la primera hipótesis -son muchas las tumbas múltiples que se han encontrado-, nada habría que decir al respecto pero, si damos una respuesta afirmativa a la segunda y tercera preguntas, todo cambia, ya podíamos hablar, sobre todo en el tercer caso, de algún tipo de dominio de unas personas sobre otras, unas personas que, para alcanzar el otro mundo, necesitarían, quizá como lazarillos, de la ayuda de los más jóvenes a quienes no vacilarían en sacrificar como símbolo de una ideología que no nos ha llegado pero que podemos intuir lo mismo que sucedería si en otras tumbas en las cuales se ha hallado una mujer al lado de un hombre, ello implicaría que ella -o él- ha sido sacrificada para acompañar a su cónyuge en el más allá pero todas estas teorías no hacen sino ponernos junto a esos investigadores ya criticados por hacerse eco de las ideas de su época o inmediatamente anteriores y trasladarlas a un tiempo del cual no sabemos apenas nada por lo cual nos limitaremos a dejarlas planteadas en espera de que alguien más informado pueda dar con la respuesta adecuada o, mejor aún, acertar con la pregunta.
No obstante, aparte estos detalles, nada parece indicar que entre aquellos hombres existieran diferencias sociales que marcaran un dominio dentro del propio grupo cosa que, según parece, sí sucedió entre sus sucesores y, entre ellos, uno de los enterramientos más característicos que suele ponerse como ejemplo es el de Sungir en Rusia donde se encontraron los esqueletos de dos niños , niño y niña, de unos 13 o 14 años:

Al parecer, los niños fueron enterrados a la vez. Unas 3.000 cuentas de marfil, que estaban sujetas a la ropa con que fueron enterrados, rodean cada esqueleto. Las hileras de cuentas dispuestas a lo largo de las piernas del niño indican que llevaba pantalones.
Los círculos de cuentas por debajo de las rodillas insinúan las partes superiores de unas botas. El cinturón y el sombrero estaban adornados con dientes de zorro ártico, y sobre la pelvis descansa el diente de un león de las cavernas.
Cerca de los niños hay estatuillas de animales y discos tallados que pueden sugerir un culto lunar o solar. En la tumba también se han encontrado once lanzas parecidas a dardos, tres puñales y dos lanzas más largas. Una de éstas, de 2,5 metros de longitud y fabricada con colmillo de mamut reposa junto al niño.
La sepultura sugiere que en algunas sociedades del período de las glaciaciones ya habían empezado a aparecer las jerarquías sociales. Los niños de esa época no hubiesen podido acumular tanta riqueza. Es posible que perteneciesen a una familia poderosa o hubiese algo especial en sus muertes que incitara a su tribu a enterrarlos con esos tesoros.[1]

Claro que bien podía tratarse de un sacrificio ritual, una especie de ofrenda a los dioses por cuanto el hecho de ser cada uno de un sexo da que sospechar aunque también es posible que murieran al mismo tiempo o, por último, que se tratara de dos enterramientos hechos en diferente tiempo pero, por lo que sé, esta última posibilidad parece bastante remota.




II


Y con este enterramiento ya nos encontramos en la época del Homo sapiens sapiens, es decir, de nuestra raza, personas siempre muy similares a nosotros tanto en cuanto se refiere a su cubicaje cerebral como a las circunvoluciones cerebrales y, se supone, de una inteligencia muy similar a la nuestra aunque su forma de utilizarla sería distinta como distinta ha sido a lo largo de la historia la mentalidad de las civilizaciones humanas según tendremos ocasión de ver en otras etapas de nuestro estudio y, desde luego, no tan similares a los actuales primitivos por cuanto, al intentar equiparar a los grupos actuales de recolectores-cazadores con los antiguos grupos humanos hemos de tener en cuenta que nuestros contemporáneos viven en unas condiciones extremas siempre a punto de ser masacrados por otros grupos que son incapaces de comprender su sistema de vida y que les están empujando hacia regiones cada vez más inhóspitas y, sobre todo, intentando controlar sus movimientos. No podemos imaginar qué sería de esos grupos en la prehistoria cuando se movían en busca de una caza y unos frutos que no les disputaban más que otros animales y otros grupos similares a ellos. Algo hay de eso en los relatos de los conquistadores pero siempre teniendo en cuenta que es la visión de los vencedores, de personas que se creen muy superiores a esos idólatras. Además cuantos grupos primitivos se han conocido, a excepción de los aborígenes australianos, han tenido un mayor o menor contacto con civilizaciones más avanzadas en el sentido tecnológico del término, que será el que utilicemos siempre en estas páginas si no se dice lo contrario por cuanto nada nos dice que una civilización sea superior a otra en cualquier otro aspecto que queramos considerar, sólo nuestro etnocentrismo o el de otros grupos culturales pueden dar prioridad a unos o a otros. Y, respecto a los aborígenes australianos, señalar que poco se sabe de ellos en los primeros tiempos de la conquista de aquel continente, sólo en el siglo XIX, cuando ya estaban en mayor o menor grado contaminados por la cultura europea, se comenzó su estudio antropológico, por otra parte cuando comienzan en todo el mundo. Algo podríamos saber de otras culturas que han sido halladas en islas como, por ejemplo, la de Pascua que tan brillante civilización llegó a crear siendo su mayor aporte las famosas estatuas pero sus primeros habitantes llegaron ya en una época muy posterior a la que estamos estudiando y, cuando los europeos pusieron pie en ella, ya había desaparecido al parecer por un desastre medioambiental provocado por ellos mismos lo cual, por cierto, pone en entredicho la supuesta simbiosis del hombre primitivo con la naturaleza teoría motivada en parte por la actitud de los indios americanos de las estepas pero es muy probable que esa actitud fuera posterior al desastre que provocaron aquellos mismos indígenas a su llegada al continente haciendo desaparecer multitud de especies atacándolas de forma absurda. Probablemente el resto de ritos similares ante la caza de otros pueblos tengan un origen similar, el hombre siempre ha tendido a cazar más de lo que necesitaba para su sustento o eso es lo que dan a entender las evidencias antropológicas más antiguas.


No obstante de estos nuevos hombres ya tenemos mucha más información. Sabemos, por ejemplo cómo habían avanzado tecnológicamente, cómo eran capaces de crear una herramienta casi para cada utilidad en contraposición a las primeras hachas de piedra que podrían ser una especie de multiherramienta, válida para todo pero poco útiles en general. Tenemos puntas, buriles, raederas... y no sólo eso sino que vemos cómo el registro fósil se enriquece con diversas formas cada vez más perfeccionadas para su utilización. Por otra parte, los enterramientos de estas gentes no suelen ser discutidos por casi nadie –aunque sí la interpretación de los mismos- y tales muestras nos dan muchos datos sobre su forma de vida y sus creencias en el ultramundo y, sobre todo, tenemos su arte. Por primera vez, que se sepa, el hombre es capaz de plasmar en piedra, arcilla, hueso o sobre las paredes de las cuevas sus ideas más trascendentales, bien es cierto que poco sabemos de su finalidad ni de las ideas que representaban tales composiciones pero esas mismas obras de arte ya nos hablan de un ser humano muy parecido a nosotros probablemente con unas inquietudes, en esencia, no muy distintas a las nuestras.
Llegados a este punto ya aparecen las primeras teorías claras sobre la primacía de unos hombres sobre otros. El mismo hecho de la abundancia y calidad de los tipos de herramientas da a entender a algunos autores que debió haber algún tipo de especialista, personas que se dedicaran total o parcialmente a fabricar tales útiles a cambio de los cuales recibirían comida u otros bienes. Lo mismo y con idéntica justificación se ha dicho respecto a los artistas calificados en muchas ocasiones como magos o chamanes pero el que se diera tal especialización no implica el que estas personas vivieran a costa del resto aparte que tal práctica, al menos en cuanto se refiere a las herramientas, no se ha documentado entre los modernos primitivos donde cada cual o cada familia se procura los utensilios que necesita. Sí, en cambio, se ha hallado respecto a los magos-pintores aunque no sea una práctica generalizada. No obstante es aquí, en la religión, donde debemos buscar las primeras manifestaciones de la dominación de unos hombres por otros.
[1]GORE: "Iguales que nosotros" en National Geographic vol. 7 nº 1, 117-118

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