jueves, 15 de mayo de 2008

1808-1939 PROLEGÓMENOS (2)

No, la historia de ese siglo y un tercio que media entre 1808 y 1939 no es la historia de una guerra civil, es la historia de un país que está naciendo al nuevo mundo industrial y que tiene los mismos problemas que cualquier otro de su entorno con unas características socio-político-económicas similares y, caso de que lo hubiera sido, no se podría retrotraer tal esquema a 1808 sino a la Ilustración, es en el siglo anterior cuando nacen las primeras divergencias doctrinales serias entre ilustrados y partidarios del viejo orden, cuando el clero –a pesar de las notables excepciones de gran parte de los obispos y varios sacerdotes casi todos ellos pasados en su día a los afrancesados y, en menor medida, a los liberales- empieza a oponerse a cuanto de nuevo trae ese movimiento muy especialmente el regalismo que ellos quieren identificar con un jansenismo que en España ha tenido muy escasos adeptos. También la alta nobleza es contraria a su implantación siempre por motivos ideológicos y quizás porque sean capaces de presentir que las innovaciones sean contrarias a sus privilegios si bien, a la postre, ellos terminarán por unirse al sistema liberal cuando comprueben que no sólo no les perjudica como grupo sino que incluso les favorece ampliamente como quedará patente durante la desamortización. Es cierto que pierden los señoríos jurisdiccionales[1] pero la mayor parte de ellos terminan por convertirse en solariegos con lo cual se incrementó su ganancia. También perderían el derecho de mayorazgo pero esto posibilitó el que pudieran comerciar con sus tierras lo que antes les estaba vedado... Todo fueron ventajas para la nobleza que incluso llegó a aceptar no de mal grado a la nueva que se fue creando a lo largo del siglo –en realidad era un proceso que se remontaba a algunos siglos atrás y que en el XVIII ya había tomado un importante auge, a la postre, la nobleza de sangre no es sino la nobleza del dinero con muy escasas excepciones-, los burgueses acaudalados terminaban siendo admitidos entre la nobleza. Naturalmente todo ello a costa de los campesinos quienes en aquel siglo –y, probablemente, también en el siguiente- fueron quienes pagaron todas aquellas “larguezas” del sistema. Los proletarios no tardaron en encontrar en los sindicatos quienes les defendieran pero los campesinos –incluyo en esta denominación a pequeños propietarios, arrendatarios y jornaleros- fueron quienes más sufrieron las consecuencias de aquel sistema.Por todo esto, quiero comenzar esta obra con una introducción dedicada al mundo de la Ilustración, claro que, de querer, podríamos seguir remontándonos hasta épocas mucho más antiguas para explicar el que finalmente se terminara en aquella guerra incivil pero no porque existieran unas causas deterministas, así, si observamos un mapa electoral de la Segunda República comprobaríamos que, en líneas generales con la consabida excepción de Madrid, entonces –y ahora- resumen de lo que es España, las izquierdas dominaron en las zonas que en su época ocuparon los iberos-turdetanos y los pueblos cantábricos, curiosamente los más y los menos civilizados de la época prerromana. Los árabes también se asentaron en las zonas iberoturdetanas preferentemente no llegando nunca a ocupar de forma permanente la Submeseta Norte, cuna de la reacción. Naturalmente no es más que una simple constatación que, es posible, nada tenga que ver con lo que pasó en realidad pero bien podía utilizarse para ilustrar lo que algunos denominan “las dos Españas” no obstante, como podrá comprobarse a lo largo de estas páginas, yo no soy partidario de esta teoría, en todo caso hubo múltiples Españas que, en un determinado momento, se unieron en dos bloques antagónicos sin saber que entre muchas de ellas había más puntos en común respecto a algunos grupos de estos bloques entre sí que entre los de aquél en el cual se habían alineado.
[1] Durante la Ilustración muchos fueron los esfuerzos de los monarcas para terminar con tales señoríos como se verá en su momento.

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