Casi contemporáneo de los australopitecos era el homo habilis pero poco más sabemos de éste que de sus coetáneos -ha habido investigadores que les han dado preferencia en la edad pero es una teoría que parece haber sido desechada en la actualidad- a excepción que ellos, al parecer, sí fabricaban herramientas strictu sensu por cuanto las que se atribuyen a los primeros homínidos no están del todo certificadas sin embargo de estos humanos sí nos quedan restos aceptados por todos los paleoantropólogos -o casi todos, siempre pueden encontrarse excepciones, ésta no es una ciencia exacta aunque sólo sea por el simple hecho de que no poseemos los datos suficientes para alcanzar tal estado privilegiado- y, cuando nos referimos a herramientas, queremos decir utensilios de piedra por cuanto no sabemos qué eran capaces de hacer con la madera o los huesos, útiles que desaparecen con el tiempo sin dejar restos cosa que no sucede con la piedra. Ciertamente, no eran unos artefactos muy elaborados pero ya denotaban una inteligencia comprensiva y, como se ha dicho respecto a los australopitecos, la capacidad de transmitir su conocimiento al resto del grupo pero seguimos sin saber si tales herramientas las usaban para arrancar tubérculos, machacar huesos de los cuales extraer el tuétano o directamente para cazar ni tan siquiera si eran utilizadas tal cual o enmangadas en palos que permitieran un mejor manejo de las mismas y, sobre todo, si eran utilizados contra sus congéneres -olvidaremos aquí las posibles luchas interraciales a las cuales han sido tan aficionados los antiguos paleoantropólogos quizá motivados por la época en la cual vivieron- pues es éste el asunto que aquí nos interesa. O bien si existía algún tipo de dominio dentro de los grupos en los cuales algún individuo tuviera preeminencia sobre los demás en alguno o en todos los aspectos de la coexistencia... Nada hay que nos pruebe una cosa u otra. En realidad, hasta no llegar al Homo sapiens, no tenemos pruebas de diferenciaciones sociales o de otro tipo por cuanto aquéllas que se han presentado como tales bien pueden significar cosas distintas a lo que opinan los descubridores todos ellos muy imbuidos de su mundo. De los neandertales sí sabemos -o suponemos, tampoco en esto se ponen de acuerdo los estudiosos a pesar de las múltiples pruebas- que enterraban a sus muertos o, al menos, a algunos de ellos, ciertos yacimientos parecen irrefutables al respecto pero en muchos de ellos es curioso el hecho de que, al lado de personas adultas, figuren niños como en La Ferrasie (Francia) o en Gafzeh (cerca de Nazareth, Palestina): ¿qué significado podía tener esto? ¿eran enterramientos que se abrían varias veces para depositar a toda una familia como los modernos panteones? ¿Morían los padres y, acto seguido, se sacrificaba a los hijos? ¿o no eran los propios hijos los sacrificados en las tumbas de otras personas? Si aceptamos la primera hipótesis -son muchas las tumbas múltiples que se han encontrado-, nada habría que decir al respecto pero, si damos una respuesta afirmativa a la segunda y tercera preguntas, todo cambia, ya podíamos hablar, sobre todo en el tercer caso, de algún tipo de dominio de unas personas sobre otras, unas personas que, para alcanzar el otro mundo, necesitarían, quizá como lazarillos, de la ayuda de los más jóvenes a quienes no vacilarían en sacrificar como símbolo de una ideología que no nos ha llegado pero que podemos intuir lo mismo que sucedería si en otras tumbas en las cuales se ha hallado una mujer al lado de un hombre, ello implicaría que ella -o él- ha sido sacrificada para acompañar a su cónyuge en el más allá pero todas estas teorías no hacen sino ponernos junto a esos investigadores ya criticados por hacerse eco de las ideas de su época o inmediatamente anteriores y trasladarlas a un tiempo del cual no sabemos apenas nada por lo cual nos limitaremos a dejarlas planteadas en espera de que alguien más informado pueda dar con la respuesta adecuada o, mejor aún, acertar con la pregunta.
No obstante, aparte estos detalles, nada parece indicar que entre aquellos hombres existieran diferencias sociales que marcaran un dominio dentro del propio grupo cosa que, según parece, sí sucedió entre sus sucesores y, entre ellos, uno de los enterramientos más característicos que suele ponerse como ejemplo es el de Sungir en Rusia donde se encontraron los esqueletos de dos niños , niño y niña, de unos 13 o 14 años:
Al parecer, los niños fueron enterrados a la vez. Unas 3.000 cuentas de marfil, que estaban sujetas a la ropa con que fueron enterrados, rodean cada esqueleto. Las hileras de cuentas dispuestas a lo largo de las piernas del niño indican que llevaba pantalones.
Los círculos de cuentas por debajo de las rodillas insinúan las partes superiores de unas botas. El cinturón y el sombrero estaban adornados con dientes de zorro ártico, y sobre la pelvis descansa el diente de un león de las cavernas.
Cerca de los niños hay estatuillas de animales y discos tallados que pueden sugerir un culto lunar o solar. En la tumba también se han encontrado once lanzas parecidas a dardos, tres puñales y dos lanzas más largas. Una de éstas, de 2,5 metros de longitud y fabricada con colmillo de mamut reposa junto al niño.
La sepultura sugiere que en algunas sociedades del período de las glaciaciones ya habían empezado a aparecer las jerarquías sociales. Los niños de esa época no hubiesen podido acumular tanta riqueza. Es posible que perteneciesen a una familia poderosa o hubiese algo especial en sus muertes que incitara a su tribu a enterrarlos con esos tesoros.[1]
Claro que bien podía tratarse de un sacrificio ritual, una especie de ofrenda a los dioses por cuanto el hecho de ser cada uno de un sexo da que sospechar aunque también es posible que murieran al mismo tiempo o, por último, que se tratara de dos enterramientos hechos en diferente tiempo pero, por lo que sé, esta última posibilidad parece bastante remota.
II
Y con este enterramiento ya nos encontramos en la época del Homo sapiens sapiens, es decir, de nuestra raza, personas siempre muy similares a nosotros tanto en cuanto se refiere a su cubicaje cerebral como a las circunvoluciones cerebrales y, se supone, de una inteligencia muy similar a la nuestra aunque su forma de utilizarla sería distinta como distinta ha sido a lo largo de la historia la mentalidad de las civilizaciones humanas según tendremos ocasión de ver en otras etapas de nuestro estudio y, desde luego, no tan similares a los actuales primitivos por cuanto, al intentar equiparar a los grupos actuales de recolectores-cazadores con los antiguos grupos humanos hemos de tener en cuenta que nuestros contemporáneos viven en unas condiciones extremas siempre a punto de ser masacrados por otros grupos que son incapaces de comprender su sistema de vida y que les están empujando hacia regiones cada vez más inhóspitas y, sobre todo, intentando controlar sus movimientos. No podemos imaginar qué sería de esos grupos en la prehistoria cuando se movían en busca de una caza y unos frutos que no les disputaban más que otros animales y otros grupos similares a ellos. Algo hay de eso en los relatos de los conquistadores pero siempre teniendo en cuenta que es la visión de los vencedores, de personas que se creen muy superiores a esos idólatras. Además cuantos grupos primitivos se han conocido, a excepción de los aborígenes australianos, han tenido un mayor o menor contacto con civilizaciones más avanzadas en el sentido tecnológico del término, que será el que utilicemos siempre en estas páginas si no se dice lo contrario por cuanto nada nos dice que una civilización sea superior a otra en cualquier otro aspecto que queramos considerar, sólo nuestro etnocentrismo o el de otros grupos culturales pueden dar prioridad a unos o a otros. Y, respecto a los aborígenes australianos, señalar que poco se sabe de ellos en los primeros tiempos de la conquista de aquel continente, sólo en el siglo XIX, cuando ya estaban en mayor o menor grado contaminados por la cultura europea, se comenzó su estudio antropológico, por otra parte cuando comienzan en todo el mundo. Algo podríamos saber de otras culturas que han sido halladas en islas como, por ejemplo, la de Pascua que tan brillante civilización llegó a crear siendo su mayor aporte las famosas estatuas pero sus primeros habitantes llegaron ya en una época muy posterior a la que estamos estudiando y, cuando los europeos pusieron pie en ella, ya había desaparecido al parecer por un desastre medioambiental provocado por ellos mismos lo cual, por cierto, pone en entredicho la supuesta simbiosis del hombre primitivo con la naturaleza teoría motivada en parte por la actitud de los indios americanos de las estepas pero es muy probable que esa actitud fuera posterior al desastre que provocaron aquellos mismos indígenas a su llegada al continente haciendo desaparecer multitud de especies atacándolas de forma absurda. Probablemente el resto de ritos similares ante la caza de otros pueblos tengan un origen similar, el hombre siempre ha tendido a cazar más de lo que necesitaba para su sustento o eso es lo que dan a entender las evidencias antropológicas más antiguas.
No obstante de estos nuevos hombres ya tenemos mucha más información. Sabemos, por ejemplo cómo habían avanzado tecnológicamente, cómo eran capaces de crear una herramienta casi para cada utilidad en contraposición a las primeras hachas de piedra que podrían ser una especie de multiherramienta, válida para todo pero poco útiles en general. Tenemos puntas, buriles, raederas... y no sólo eso sino que vemos cómo el registro fósil se enriquece con diversas formas cada vez más perfeccionadas para su utilización. Por otra parte, los enterramientos de estas gentes no suelen ser discutidos por casi nadie –aunque sí la interpretación de los mismos- y tales muestras nos dan muchos datos sobre su forma de vida y sus creencias en el ultramundo y, sobre todo, tenemos su arte. Por primera vez, que se sepa, el hombre es capaz de plasmar en piedra, arcilla, hueso o sobre las paredes de las cuevas sus ideas más trascendentales, bien es cierto que poco sabemos de su finalidad ni de las ideas que representaban tales composiciones pero esas mismas obras de arte ya nos hablan de un ser humano muy parecido a nosotros probablemente con unas inquietudes, en esencia, no muy distintas a las nuestras.
Llegados a este punto ya aparecen las primeras teorías claras sobre la primacía de unos hombres sobre otros. El mismo hecho de la abundancia y calidad de los tipos de herramientas da a entender a algunos autores que debió haber algún tipo de especialista, personas que se dedicaran total o parcialmente a fabricar tales útiles a cambio de los cuales recibirían comida u otros bienes. Lo mismo y con idéntica justificación se ha dicho respecto a los artistas calificados en muchas ocasiones como magos o chamanes pero el que se diera tal especialización no implica el que estas personas vivieran a costa del resto aparte que tal práctica, al menos en cuanto se refiere a las herramientas, no se ha documentado entre los modernos primitivos donde cada cual o cada familia se procura los utensilios que necesita. Sí, en cambio, se ha hallado respecto a los magos-pintores aunque no sea una práctica generalizada. No obstante es aquí, en la religión, donde debemos buscar las primeras manifestaciones de la dominación de unos hombres por otros.
[1]GORE: "Iguales que nosotros" en National Geographic vol. 7 nº 1, 117-118
sábado, 28 de junio de 2008
lunes, 23 de junio de 2008
Formas de dominación. La Prehistoria II
Es del conocimiento público que los simios más emparentados con los humanos, gorilas y chimpancés, tienen un sistema jerárquico perfectamente delimitado mediante el cual un individuo macho impone su predominio sobre el resto del grupo no obstante este predominio es menos acusado entre los chimpancés que entre los gorilas, entre éstos es difícil saltarse las reglas impuestas por el jefe del grupo pero no parece ocurrir lo mismo entre los chimpancés quienes, según los estudiosos, mantienen una cierta condescendencia para que machos y hembras se apareen entre sí lo cual, por otra parte, constituye el hecho en sí de la división social en la cual el más fuerte es quien impone su ley. No obstante entre los seres humanos se da la peculiaridad de que la hembra no tiene estro, es decir, período de celo, la hembra humana está siempre dispuesta a acceder al coito al menos desde el punto de vista funcional, otra cosa serán sus deseos si bien, como veremos, a lo largo de la historia sus deseos han contado bien poco para los machos dominantes pero no nos salgamos de nuestro tiempo.
El hecho de esa perenne disponibilidad de las mujeres bien pudo hacer que el hombre dominante, una vez elegida su pareja, no se preocupase tanto de qué hiciera el resto del grupo masculino y hasta es posible que, a partir de ese momento, la tribu se disolviera pasando a formarse familias nucleares[1] en las cuales convivieran unas pocas personas estrechamente emparentadas ahora bien, ¿cuándo sucedió que la mujer perdiera el estro? ¿Fue alguna australopiteca o fueron especies posteriores? ¿No llegó, quizás, hasta el Homo sapiens? Eso es algo totalmente desconocido para la paleoantropología y, por tanto, no vamos a entrar en tal disquisición aunque sí sabemos que es con la llegada de esta última especie cuando aparecen las famosas “venus auriñacienses”, representaciones femeninas con los órganos sexuales muy marcados y en aparente estado de gravidez avanzada lo cual nos muestra la importancia que tenía el sexo femenino para aquellas gentes pero nada más, deducir de aquí, como han hecho algunos prehistoriadores y, sobre todo, aficionados a la prehistoria, que existiera una especie de matriarcado, hay todo un abismo que no quiero franquear por cuanto creo que tal sistema no ha existido nunca a lo largo de la historia excepto, quizá, en algunas culturas muy aisladas pero no como norma común a un gran grupo de seres humanos aunque sí es probable que las mujeres tuvieran mucha más importancia de la que han tenido desde hace varios milenios para acá sobre todo desde el nacimiento del patriarcado.
Lo que todas las evidencias quieren dar a entender es que aquellas sociedades recolectoras tenían menos prejuicios en todos los sentidos que, incluso, las actuales[2], da la impresión que las diferencias sociales apenas sí existían y es que, según nos da a entender la antropología, en los pequeños grupos, ahora de varias decenas de personas, las diferencias sociales disminuyen hasta casi desaparecer.
Ya aquellos grupos emparentaban entre sí de forma exógama debido a que, de esta forma, tendrían acceso a los territorios de los grupos vecinos en lo que podemos denominar como primera apropiación del espacio por parte de unos grupos humanos en detrimento de otros aunque ya sabemos que esto es privativo de todas las especies cazadoras y el ser humano ya se había convertido en tal luego de una larga época en la cual la base principal de su economía se cifraba en la recolección de vegetales. En realidad, según varios autores, las famosas hachas de piedra no serían tales sino especie de azuelas que les permitirían desenterrar determinados tubérculos claro que también pudo servirles para despiezar los restos de animales que pudieran encontrar muertos pues, según todos los indicios, aquellos primeros seres no se dedicaban a la caza de grandes animales algo fuera de sus posibilidades debido a su exiguo tamaño -apenas sí superaban el metro de altura- y a lo inadecuado de sus presumibles herramientas de caza. Es probable que el hombre se hiciera fundamentalmente cazador cuando abandonó África o, al menos, las regiones subtropicales en las cuales los vegetales son mucho más abundantes y, sobre todo, se pueden recoger a lo largo de casi todo el año pero, una vez fue desplazado de su lugar de origen quizá por algún tipo de explosión demográfica o bien porque las supuestas condiciones idílicas de su primer hábitat se vieron deterioradas por cambios climáticos que les obligó a buscar otros lugares más adecuados para encontrar el sustento diario, debieron cambiar sus formas de vida viéndose en la precisión de adquirir su alimento en mayor medida de los animales aunque, todo hay que decirlo, la actividad cinegética nunca, excepto en lugares de climatología extrema[3], ha supuesto más allá del treinta o cuarenta por ciento del suministro total de proteínas.
Ahora tenemos a un grupo aún pequeño pero ya de veinte o treinta personas, grupo en el cual las actividades económicas están diferenciadas y que, además, tiene relaciones bastante estrechas con otros grupos pero, también, inamistosas con otros con los cuales no está emparentado[4] y es que el problema de los territorios ha llegado incluso hasta nuestros días donde el espacio vital parece jugar un importante papel en las relaciones internacionales cual sucede, por ejemplo, entre Gran Bretaña y España por unos pocos kilómetros cuadrados de roca y, entre España y Marruecos por, poco más o menos, lo mismo en un claro remedo de lo que fueron las luchas territoriales de nuestros primeros antecesores si bien aquellos humanos no se dedicaban a apropiarse de los terrenos que no consideraban propios y que, a la vez, no podían explotar pero, si conseguían que la banda rival se marchara, era lógico que, a la postre, ellos tuvieran una mayor cantidad de alimentos así como lugares en los cuales expandirse cuando la propia población creciera. Sin embargo aún no se había dado inicio a la dominación de unas personas por otras, por el momento sólo había luchas entre grupos rivales por el uso del territorio, por la apropiación de sus recursos algo que ya sabemos hacen los chimpancés en verdaderas guerras de unos grupos contra otros en las cuales no faltan el infanticidio ni el canibalismo “ritual” pero esos humanos expulsados de su lugar podían ir a instalarse en otros bien ayudados por sus parientes o bien motu proprio.
Recordaremos, sin embargo, que un animal de muy gran tamaño, gran fuerza y ferocidad, y que como el gorila, pudiera defenderse de todos sus enemigos, es probable que no se hubiera hecho social; este defecto le hubiera impedido la adquisición de cualidades mentales tan superiores como la simpatía y el amor al prójimo. Esta consideración hace creer que para el hombre hubiera sido una inmensa ventaja contar como origen de su abolengo algún ser comparativamente débil.[5]
Y es que el hombre es fundamentalmente un ser social, ahí ha radicado toda su fuerza, con el apoyo de sus familiares y amigos es como ha conseguido sobrevivir a todos los peligros con los cuales se encontró tanto en la sabana como en sus migraciones hacia tierras más inhóspitas, una sociabilidad, la del hombre, que es compartida por gorilas, chimpancés, papiones, mandriles... y un elevado número de simios y a todos ellos les ha permitido sobrevivir tanto en las pluvisilvas como en las sabanas haciendo frente a los carnívoros en grupo aunque, si llega el caso, también en solitario como aquella chimpancé que, para defender a su cría no dudó en atacar a un leopardo con un palo... claro que el ejemplo típico que se aduce es un experimento en el cual, en lugar de un leopardo, se utilizó una piel de este animal sobre un armatoste pero lo importante es que la hembra se arrojó sobre aquella piel sin saber –o eso creemos- que era inofensiva. El hombre no está capacitado, fisiológicamente, para enfrentarse a los carnívoros y tampoco para huir de ellos y mucho menos aquellos australopitecos que, en el mejor de los casos, medían alrededor de 130 cm y pesaban 45 kilos -normalmente apenas sí sobrepasaban el metro de estatura y los 30 kilos datos éstos que corresponden a uno de los fósiles más conocido, la famosa Lucy de quien se encontró un porcentaje bastante amplio de su esqueleto si bien la mayor parte de los investigadores está de acuerdo en que, entre los primeros humanos, existía un considerable dimorfismo sexual, es decir, los machos eran bastante más grande que las hembras, más incluso que en la actualidad-, sin garras ni grandes dientes. Hoy día un atleta tarda alrededor de 10 segundos en recorrer 100 metros, un leopardo lo hace en menos de la mitad de tiempo con una capacidad de reacción muy superior a la humana. Aquellos hombres, con sus cortas piernas seguramente necesitaban mucho más tiempo para esa distancia y es sabido que los leopardos siempre atacan en distancias cortas, no son capaces de hacer una larga persecución aunque sí superior a las de los guepardos. ¿Cómo se las arreglarían aquellos primeros homínidos para escapar a sus garras y colmillos? Existen grupos de monos que, mientras unos están recogiendo comida, otros están vigilando los alrededores para, de aparecer algún predador por las inmediaciones, dar la voz de alarma. Ésta podría ser una forma de escapar a ello pero las huellas de Laetoli nos muestran tan sólo a una pareja con su hijo: ¿era ésta la forma en la cual convivían los australopitecos? Ya hemos dicho que muchos simios viven en sociedad pero no todos, los orangutanes, por ejemplo, viven solos, únicamente se unen para emparejarse y para criar, las hembras, a las crías... ¿viviría el hombre ya en una sociedad del tipo de familia nuclear? ¿Y cómo se defendería en tal caso? ¿Utilizaría palos como el chimpancé del experimento? Seguramente ya era capaz de arrojar piedras y, teniendo en cuenta que sus brazos eran, en relación, más largos que los nuestros[6], con una mayor fuerza proporcional por tanto en sus lanzamientos pero de esta forma sólo podrían defenderse de animales que ataquen en solitario, poco podrían hacer contra los leones que suelen hacerlo en grupo o contra las hienas si bien éstas son bastante más lentas y, caso de ser descubiertas a tiempo, dar lugar a estos australopitecos a encaramarse a un árbol cercano por cuanto el diseño de sus pies y manos dan a entender que aún eran capaces de trepar con cierta facilidad... Sea de esto lo que fuera, lo cierto es que la vida de aquellos primeros homínidos no era en absoluto fácil sin embargo no es esto lo que más nos interesa sino sus relaciones intergrupales, tesis de esta obra.
Ya hemos dicho que, entre los chimpancés, están documentadas auténticas guerras intergrupales en las cuales se han visto actos que incluso repudiarían a nuestra sensibilidad actual -no tanto si vemos lo que son capaces de hacer determinados grupos humanos en determinados momentos pero siempre a escondidas, con temor a la luz aunque, a la postre, siempre hay alguien que toma fotografías comprometedoras- como el atacar a homónimos solitarios, matar a sus crías y comerse a los caídos contrarios, nunca a los propios, de ahí que calificara tal canibalismo de “ritual”, con comillas para que no se me malentendiera si bien no sabemos qué piensa un chimpancé a la hora de comerse a un congénere empezando precisamente por el cerebro al parecer su parte más apreciada, aunque todo hay que decirlo, la que más proteínas tiene pero una de las más difíciles de acceder: ¿Hacían lo mismo los australopitecos? Los dos grupos se habían separado muy poco antes del antepasado común y sus características físicas no eran muy distintas si exceptuamos el bipedismo humano, ¿qué nos impide pensar en que fuera así máxime cuando hemos visto que tales agresiones se han mantenido hasta hace escasos lustros e incluso que hoy día a algunos dictadores se les acusa de canibalismo, de comerse los cerebros de sus oponentes[7]?
Ahora bien, para extraer tales conclusiones se debería primero saber si nuestros primeros antepasados vivían en familia o en grupos más grandes por cuanto es, al parecer, en grupos de estas características donde se dan tales actividades y eso, a pesar de las ya excesivamente mencionadas huellas de Laetoli, es algo que somos incapaces de precisar, hay teorías para todos los gustos y por eso vamos a dejar aquí el tema de los australopitecos para continuar con los siguientes grupos humanos.
[1] Hay que recordar que las famosas huellas de Lateoli son las de una pareja con su hijo, es decir, un grupo de tan sólo tres personas si bien es la única evidencia que, según mis conocimientos, se tiene al respecto.
[2] Esta aseveración no pasa de ser un nuevo prejuicio, en realidad en nuestras sociedades existen muchos más prejuicios de los que queremos reconocer como se verá en su momento.
[3] Buen ejemplo lo tenemos hoy en día en los esquimales y hay que tener en cuenta que, durante las glaciaciones, las zonas circumpolares eran mucho más extensas que en la actualidad... las zonas con climatología circumpolar, evidentemente, pues tales zonas geográficas no cambian su extensión.
[4] "Una banda endógama [...] se enfrentaría a vecinos perpetuamente hostiles y estaría confinada a un territorio que podría resultar demasiado reducido en años de sequía, inundaciones u otras alteraciones climáticas. Además, el contar únicamente con una veintena o treintena de miembros, se expondría al peligro de que una sucesión desafortunada de nacimientos le dejase sin mujeres suficientes para engendrar una nueva generación. Las bandas que sellan alianzas, en cambio, explotan territorios más extensos, forman parte de poblaciones reproductoras más amplias, se auxilian unas a otras en la defensa entre vecinos de belicosidad recalcitrante y se prestan ayuda mutua en tiempos en que escasean los alimentos. ¿cómo pudieron originarse tales alianzas?" [HARRIS. Nuestra especie, 202]
[5] DARWIN: El origen del hombre, 68-69
[6] Arsuaga y Martínez dan una relación, entre el húmero y el fémur, de 85 y 71 y, entre el cúbito y el húmero de 92,5 y 80 V. La especie elegida, 108
[7] El último caso que conozco es el del dictador guineano Teodoro Obiang pero lo mismo se dijo de Idi Amin y de Bocasa, el famoso emperador centroafricano.
El hecho de esa perenne disponibilidad de las mujeres bien pudo hacer que el hombre dominante, una vez elegida su pareja, no se preocupase tanto de qué hiciera el resto del grupo masculino y hasta es posible que, a partir de ese momento, la tribu se disolviera pasando a formarse familias nucleares[1] en las cuales convivieran unas pocas personas estrechamente emparentadas ahora bien, ¿cuándo sucedió que la mujer perdiera el estro? ¿Fue alguna australopiteca o fueron especies posteriores? ¿No llegó, quizás, hasta el Homo sapiens? Eso es algo totalmente desconocido para la paleoantropología y, por tanto, no vamos a entrar en tal disquisición aunque sí sabemos que es con la llegada de esta última especie cuando aparecen las famosas “venus auriñacienses”, representaciones femeninas con los órganos sexuales muy marcados y en aparente estado de gravidez avanzada lo cual nos muestra la importancia que tenía el sexo femenino para aquellas gentes pero nada más, deducir de aquí, como han hecho algunos prehistoriadores y, sobre todo, aficionados a la prehistoria, que existiera una especie de matriarcado, hay todo un abismo que no quiero franquear por cuanto creo que tal sistema no ha existido nunca a lo largo de la historia excepto, quizá, en algunas culturas muy aisladas pero no como norma común a un gran grupo de seres humanos aunque sí es probable que las mujeres tuvieran mucha más importancia de la que han tenido desde hace varios milenios para acá sobre todo desde el nacimiento del patriarcado.
Lo que todas las evidencias quieren dar a entender es que aquellas sociedades recolectoras tenían menos prejuicios en todos los sentidos que, incluso, las actuales[2], da la impresión que las diferencias sociales apenas sí existían y es que, según nos da a entender la antropología, en los pequeños grupos, ahora de varias decenas de personas, las diferencias sociales disminuyen hasta casi desaparecer.
Ya aquellos grupos emparentaban entre sí de forma exógama debido a que, de esta forma, tendrían acceso a los territorios de los grupos vecinos en lo que podemos denominar como primera apropiación del espacio por parte de unos grupos humanos en detrimento de otros aunque ya sabemos que esto es privativo de todas las especies cazadoras y el ser humano ya se había convertido en tal luego de una larga época en la cual la base principal de su economía se cifraba en la recolección de vegetales. En realidad, según varios autores, las famosas hachas de piedra no serían tales sino especie de azuelas que les permitirían desenterrar determinados tubérculos claro que también pudo servirles para despiezar los restos de animales que pudieran encontrar muertos pues, según todos los indicios, aquellos primeros seres no se dedicaban a la caza de grandes animales algo fuera de sus posibilidades debido a su exiguo tamaño -apenas sí superaban el metro de altura- y a lo inadecuado de sus presumibles herramientas de caza. Es probable que el hombre se hiciera fundamentalmente cazador cuando abandonó África o, al menos, las regiones subtropicales en las cuales los vegetales son mucho más abundantes y, sobre todo, se pueden recoger a lo largo de casi todo el año pero, una vez fue desplazado de su lugar de origen quizá por algún tipo de explosión demográfica o bien porque las supuestas condiciones idílicas de su primer hábitat se vieron deterioradas por cambios climáticos que les obligó a buscar otros lugares más adecuados para encontrar el sustento diario, debieron cambiar sus formas de vida viéndose en la precisión de adquirir su alimento en mayor medida de los animales aunque, todo hay que decirlo, la actividad cinegética nunca, excepto en lugares de climatología extrema[3], ha supuesto más allá del treinta o cuarenta por ciento del suministro total de proteínas.
Ahora tenemos a un grupo aún pequeño pero ya de veinte o treinta personas, grupo en el cual las actividades económicas están diferenciadas y que, además, tiene relaciones bastante estrechas con otros grupos pero, también, inamistosas con otros con los cuales no está emparentado[4] y es que el problema de los territorios ha llegado incluso hasta nuestros días donde el espacio vital parece jugar un importante papel en las relaciones internacionales cual sucede, por ejemplo, entre Gran Bretaña y España por unos pocos kilómetros cuadrados de roca y, entre España y Marruecos por, poco más o menos, lo mismo en un claro remedo de lo que fueron las luchas territoriales de nuestros primeros antecesores si bien aquellos humanos no se dedicaban a apropiarse de los terrenos que no consideraban propios y que, a la vez, no podían explotar pero, si conseguían que la banda rival se marchara, era lógico que, a la postre, ellos tuvieran una mayor cantidad de alimentos así como lugares en los cuales expandirse cuando la propia población creciera. Sin embargo aún no se había dado inicio a la dominación de unas personas por otras, por el momento sólo había luchas entre grupos rivales por el uso del territorio, por la apropiación de sus recursos algo que ya sabemos hacen los chimpancés en verdaderas guerras de unos grupos contra otros en las cuales no faltan el infanticidio ni el canibalismo “ritual” pero esos humanos expulsados de su lugar podían ir a instalarse en otros bien ayudados por sus parientes o bien motu proprio.
Recordaremos, sin embargo, que un animal de muy gran tamaño, gran fuerza y ferocidad, y que como el gorila, pudiera defenderse de todos sus enemigos, es probable que no se hubiera hecho social; este defecto le hubiera impedido la adquisición de cualidades mentales tan superiores como la simpatía y el amor al prójimo. Esta consideración hace creer que para el hombre hubiera sido una inmensa ventaja contar como origen de su abolengo algún ser comparativamente débil.[5]
Y es que el hombre es fundamentalmente un ser social, ahí ha radicado toda su fuerza, con el apoyo de sus familiares y amigos es como ha conseguido sobrevivir a todos los peligros con los cuales se encontró tanto en la sabana como en sus migraciones hacia tierras más inhóspitas, una sociabilidad, la del hombre, que es compartida por gorilas, chimpancés, papiones, mandriles... y un elevado número de simios y a todos ellos les ha permitido sobrevivir tanto en las pluvisilvas como en las sabanas haciendo frente a los carnívoros en grupo aunque, si llega el caso, también en solitario como aquella chimpancé que, para defender a su cría no dudó en atacar a un leopardo con un palo... claro que el ejemplo típico que se aduce es un experimento en el cual, en lugar de un leopardo, se utilizó una piel de este animal sobre un armatoste pero lo importante es que la hembra se arrojó sobre aquella piel sin saber –o eso creemos- que era inofensiva. El hombre no está capacitado, fisiológicamente, para enfrentarse a los carnívoros y tampoco para huir de ellos y mucho menos aquellos australopitecos que, en el mejor de los casos, medían alrededor de 130 cm y pesaban 45 kilos -normalmente apenas sí sobrepasaban el metro de estatura y los 30 kilos datos éstos que corresponden a uno de los fósiles más conocido, la famosa Lucy de quien se encontró un porcentaje bastante amplio de su esqueleto si bien la mayor parte de los investigadores está de acuerdo en que, entre los primeros humanos, existía un considerable dimorfismo sexual, es decir, los machos eran bastante más grande que las hembras, más incluso que en la actualidad-, sin garras ni grandes dientes. Hoy día un atleta tarda alrededor de 10 segundos en recorrer 100 metros, un leopardo lo hace en menos de la mitad de tiempo con una capacidad de reacción muy superior a la humana. Aquellos hombres, con sus cortas piernas seguramente necesitaban mucho más tiempo para esa distancia y es sabido que los leopardos siempre atacan en distancias cortas, no son capaces de hacer una larga persecución aunque sí superior a las de los guepardos. ¿Cómo se las arreglarían aquellos primeros homínidos para escapar a sus garras y colmillos? Existen grupos de monos que, mientras unos están recogiendo comida, otros están vigilando los alrededores para, de aparecer algún predador por las inmediaciones, dar la voz de alarma. Ésta podría ser una forma de escapar a ello pero las huellas de Laetoli nos muestran tan sólo a una pareja con su hijo: ¿era ésta la forma en la cual convivían los australopitecos? Ya hemos dicho que muchos simios viven en sociedad pero no todos, los orangutanes, por ejemplo, viven solos, únicamente se unen para emparejarse y para criar, las hembras, a las crías... ¿viviría el hombre ya en una sociedad del tipo de familia nuclear? ¿Y cómo se defendería en tal caso? ¿Utilizaría palos como el chimpancé del experimento? Seguramente ya era capaz de arrojar piedras y, teniendo en cuenta que sus brazos eran, en relación, más largos que los nuestros[6], con una mayor fuerza proporcional por tanto en sus lanzamientos pero de esta forma sólo podrían defenderse de animales que ataquen en solitario, poco podrían hacer contra los leones que suelen hacerlo en grupo o contra las hienas si bien éstas son bastante más lentas y, caso de ser descubiertas a tiempo, dar lugar a estos australopitecos a encaramarse a un árbol cercano por cuanto el diseño de sus pies y manos dan a entender que aún eran capaces de trepar con cierta facilidad... Sea de esto lo que fuera, lo cierto es que la vida de aquellos primeros homínidos no era en absoluto fácil sin embargo no es esto lo que más nos interesa sino sus relaciones intergrupales, tesis de esta obra.
Ya hemos dicho que, entre los chimpancés, están documentadas auténticas guerras intergrupales en las cuales se han visto actos que incluso repudiarían a nuestra sensibilidad actual -no tanto si vemos lo que son capaces de hacer determinados grupos humanos en determinados momentos pero siempre a escondidas, con temor a la luz aunque, a la postre, siempre hay alguien que toma fotografías comprometedoras- como el atacar a homónimos solitarios, matar a sus crías y comerse a los caídos contrarios, nunca a los propios, de ahí que calificara tal canibalismo de “ritual”, con comillas para que no se me malentendiera si bien no sabemos qué piensa un chimpancé a la hora de comerse a un congénere empezando precisamente por el cerebro al parecer su parte más apreciada, aunque todo hay que decirlo, la que más proteínas tiene pero una de las más difíciles de acceder: ¿Hacían lo mismo los australopitecos? Los dos grupos se habían separado muy poco antes del antepasado común y sus características físicas no eran muy distintas si exceptuamos el bipedismo humano, ¿qué nos impide pensar en que fuera así máxime cuando hemos visto que tales agresiones se han mantenido hasta hace escasos lustros e incluso que hoy día a algunos dictadores se les acusa de canibalismo, de comerse los cerebros de sus oponentes[7]?
Ahora bien, para extraer tales conclusiones se debería primero saber si nuestros primeros antepasados vivían en familia o en grupos más grandes por cuanto es, al parecer, en grupos de estas características donde se dan tales actividades y eso, a pesar de las ya excesivamente mencionadas huellas de Laetoli, es algo que somos incapaces de precisar, hay teorías para todos los gustos y por eso vamos a dejar aquí el tema de los australopitecos para continuar con los siguientes grupos humanos.
[1] Hay que recordar que las famosas huellas de Lateoli son las de una pareja con su hijo, es decir, un grupo de tan sólo tres personas si bien es la única evidencia que, según mis conocimientos, se tiene al respecto.
[2] Esta aseveración no pasa de ser un nuevo prejuicio, en realidad en nuestras sociedades existen muchos más prejuicios de los que queremos reconocer como se verá en su momento.
[3] Buen ejemplo lo tenemos hoy en día en los esquimales y hay que tener en cuenta que, durante las glaciaciones, las zonas circumpolares eran mucho más extensas que en la actualidad... las zonas con climatología circumpolar, evidentemente, pues tales zonas geográficas no cambian su extensión.
[4] "Una banda endógama [...] se enfrentaría a vecinos perpetuamente hostiles y estaría confinada a un territorio que podría resultar demasiado reducido en años de sequía, inundaciones u otras alteraciones climáticas. Además, el contar únicamente con una veintena o treintena de miembros, se expondría al peligro de que una sucesión desafortunada de nacimientos le dejase sin mujeres suficientes para engendrar una nueva generación. Las bandas que sellan alianzas, en cambio, explotan territorios más extensos, forman parte de poblaciones reproductoras más amplias, se auxilian unas a otras en la defensa entre vecinos de belicosidad recalcitrante y se prestan ayuda mutua en tiempos en que escasean los alimentos. ¿cómo pudieron originarse tales alianzas?" [HARRIS. Nuestra especie, 202]
[5] DARWIN: El origen del hombre, 68-69
[6] Arsuaga y Martínez dan una relación, entre el húmero y el fémur, de 85 y 71 y, entre el cúbito y el húmero de 92,5 y 80 V. La especie elegida, 108
[7] El último caso que conozco es el del dictador guineano Teodoro Obiang pero lo mismo se dijo de Idi Amin y de Bocasa, el famoso emperador centroafricano.
sábado, 21 de junio de 2008
Formas de dominación. La prehistoria I
A la hora de abordar el estudio social del ser humano en sus albores se nos presenta una dificultad considerable: no nos queda la más mínima huella de sus pensamientos, nada sabemos de su organización y, a lo más que llegamos es a saber cuál era su tipo de alimento por las deformaciones dentales, nada más. Entonces, ¿por qué empezar este estudio por los Australipetecos cuando es tan grande nuestra ignorancia al respecto? y, sobre todo, ¿cómo podemos llegar a algunas conclusiones sobre su forma de interactuar? Muchas han sido las suposiciones que, a lo largo del último siglo y medio se han hecho al respecto, suposiciones de las cuales han salido muchos de los hombres prehistóricos de las películas pero, todo hay que decirlo, no se corresponden en absoluto con la realidad del mismo modo que los hombres, al contrario de lo que sucediera, por ejemplo, en la película Hace un millón de años, nunca convivieron con los dinosaurios, ni el hombre ni sus más remotos antepasados que puedan recibir tal nombre pero el cine es libre de contar sus historias como mejor le parezca. La historia, no. ¿Entonces?Es imposible conocer la capacidad intelectiva de aquellos primeros humanos, sólo sabemos cuál era el tamaño de su cerebro en relación al tamaño corporal que, ahora, parece ser la medida adecuada para medir los inteligencia de nuestros antepasados y, a través de ellos, tener una idea aproximada de su capacidad intelectual sin embargo, en las últimas décadas también se tienen en cuenta las circunvoluciones cerebrales por cuanto se ha demostrado que la relación mencionada es muy superior en las musarañas quienes, a su vez, tienen las circunvoluciones menos marcadas que los primitivos quienes, también a su vez, la tienen menos que los hombres actuales. Todo ello nos lleva a suponer que los primeros australopitecos eran ligeramente más inteligentes que sus cercanos parientes, gorilas y chimpancés pero mucho menos que los hombres actuales. Esto, como es obvio, no pasa de ser una suposición, no se ha podido comprobar empíricamente tal diferencia y así hay quien dice que, dado que los humanos actuales apenas sí utilizamos entre el diez y el treinta por ciento -las cifras dependen de los distintos estudiosos- de nuestro cerebro, los australopitecos bien podían haber utilizado un porcentaje muy superior y, por tanto, la diferencia sería menor. Pero sea esto lo que sea, que aquí no vamos a tratar de estos temas, lo importante es saber cómo podemos establecer algunas pautas de comportamiento entre nuestros ascendientes y, para ello, los estudiosos actuales disponemos de dos ciencias auxiliares: la etología y la antropología por cuanto es evidente, para la primera, que aquellos seres estaban más emparentados con los chimpancés que con nosotros mismos si bien esta ciencia va perdiendo importancia a medida que avanzamos en el tiempo mientras la adquiere la segunda pero siempre teniendo en cuenta que el Australopiteco no era un chimpancé ni el Homo sapiens un bosquimano o un aborigen australiano, en el primer caso, hay que recordar que ambos proceden de un tronco común que se separó entre hace ocho y cinco millones de años pero que evolucionaron de forma distinta, así se puede decir que los chimpancés son capaces de utilizar determinadas herramientas que escogen de entre lo que encuentran mientras que ya el australopiteco fue capaz de fabricar él mismo herramientas[1] si bien muy toscas pero ya era un primer paso que indica una inteligencia diferente y no sólo eso sino que, teniendo en cuenta cómo se parecen unas a otras, todo da a entender que podían ser capaces, de la forma que fuera, de transmitir sus conocimientos a las generaciones siguientes[2]; en cuanto a los segundos, si bien tanto los sapiens como los primitivos actuales pertenecen a la misma raza humana, se debe tener en cuenta que, entre unos y otros, existe la separación de varias decenas de miles de años de evolución a favor de los actuales mientras tienen en contra que son los restos de las sociedades actuales con las cuales tienen contactos y que viven en zonas bastante desfavorecidas del planeta no obstante estos últimos primitivos ya nos han dejado un considerable legado tanto en sus enterramientos como en las cuevas pintadas y en las esculturas por lo cual la imaginación del estudioso ya no tiene un papel tan importante. No obstante, a pesar de las dificultades ya reseñadas, intentaremos, en la medida de lo posible, hacer una aproximación a la cultura de nuestros primeros padres no olvidando en ningún momento que se trata de suposiciones, todo lo fundadas que se quiera, pero suposiciones al fin, no somos de quienes creemos estar en posesión de la verdad absoluta.
[1] No todos los investigadores están de acuerdo con esta aseveración, es más, parece que, con el tiempo, va perdiendo fuerza pero nosotros razonamos que, si los chimpancés son capaces de dar la forma adecuada a un palo para introducirlo en un hormiguero y así poder comer las hormigas a él agarradas, el Australopiteco bien podía haber superado esta etapa.
[2] En realidad esto no es propio del ser humano, es decir, la transmisión del conocimiento, en un documental he visto cómo una hembra guepardo enseñaba a sus crías a cazar y, para ello, capturaba un cachorro de gacela vivo que transportaba con sumo cuidado y al que soltaba ante ellas y las iba indicando dónde tenían que dar el golpe para derribarla. Distinto es el caso de la transmisión de la tecnología por cuanto sólo los chimpancés y algunas aves utilizan algo que pueda denominarse tal pero que, al menos en el caso de las aves, no parece ser aprendido.
[1] No todos los investigadores están de acuerdo con esta aseveración, es más, parece que, con el tiempo, va perdiendo fuerza pero nosotros razonamos que, si los chimpancés son capaces de dar la forma adecuada a un palo para introducirlo en un hormiguero y así poder comer las hormigas a él agarradas, el Australopiteco bien podía haber superado esta etapa.
[2] En realidad esto no es propio del ser humano, es decir, la transmisión del conocimiento, en un documental he visto cómo una hembra guepardo enseñaba a sus crías a cazar y, para ello, capturaba un cachorro de gacela vivo que transportaba con sumo cuidado y al que soltaba ante ellas y las iba indicando dónde tenían que dar el golpe para derribarla. Distinto es el caso de la transmisión de la tecnología por cuanto sólo los chimpancés y algunas aves utilizan algo que pueda denominarse tal pero que, al menos en el caso de las aves, no parece ser aprendido.
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