Hay personas exageradas en todos los aspectos de la vida en ocasiones por interés, otras por ceguera y otras porque ven lo que querían que fuera.
Sobre las múltiples acampadas que existen por toda España –este mediodía oí en la radio que ya eran setenta- se ha llegado a decir que son una revolución… Y no ya en los sectores derechistas que, a la postre, para éstos cualquier manifestación que no sea propia es el comienzo de
Una revolución requiere entre sus fines un cambio de sistema y, que yo sepa, en ningún momento alguien ha dicho que se quiera cambiar el actual sistema. No, lo que hay es un movimiento de gente cabreada con el actual rumbo del sistema y quiere que vuelva al que tenía hace unos años. Bien se podría catalogar a este movimiento de conservador o, todo lo más, revisionista. En realidad lo que se pretende es volver atrás en el tiempo a un Estado de Bienestar que, en realidad, mientras duró, sirvió para adormecer a las clases trabajadoras y hacerlas creer que vivían en el mejor de los mundo posibles aun cuando, como escribí ayer, se redujera el salario real de los trabajadores y sólo la incorporación paulatina de la mujer al mundo del trabajo ha hecho que las familias no sólo no notaran esta disminución sino que, incluso, creyeran vivir en el mejor de los mundos posibles.
Ahora bien, lo que no queremos comprender es qué ha supuesto eso para la crianza de los hijos, hijos que, en su mayor parte, han debido ser criados por sus abuelos por cuanto el estado del bienestar español nunca se ha preocupado por este tema. Niños que se han criado, en ocasiones, sin siquiera esos abuelos, en guarderías quienes tenían posibilidad de ello y, luego, pasando muchas horas solos en casa ante el televisor.
Que nadie vaya a decir ahora que soy machista y que propongo la vuelta al hogar de las mujeres. Nada de eso. Lo que propongo son salarios aceptables y que uno de los cónyuges quede al cargo de los hijos. Una guardería no es el lugar más adecuado para los hijos y, aunque los abuelos pongan toda su voluntad, no están en edad de educar nuevamente a niños. Y sé bien lo que me digo por cuando, una vez nacida mi segundo hijo –una niña en este caso-, yo me quedé en paro y, algún tiempo después, mi mujer encontró empleo. Decidimos que, mientras crecía, yo sería quien se quedara en casa… luego vino un tercero y, desde entonces, he sido quien ha estado a su cargo. Mis hijos se han criado siempre con uno de los padres a su cargo y, en la mayor parte del tiempo, con el padre… claro que ello ha conllevado más de uno y de dos sacrificios en el orden económico pero ninguno de nosotros se vio en la precisión de, al estar con ellos, darles todos los caprichos posibles por ese comprensible complejo de culpabilidad que sume a los padres cuando no están el tiempo suficiente con sus vástagos.
Los hijos necesitan a los padres pero a la sociedad no le interesa en absoluto cómo se críen esos niños, además, caso de no hacerlo en las debidas condiciones, siempre podrá echarle la culpa a los jóvenes de lo mal que está la sociedad y hablar con total desparpajo de la generación NI-NI.
Claro que recuperar lo que se ha perdido en los últimos años es algo loable pero eso es algo muy difícil.
Analizando las propuestas de “Democracia Real Ya ” se puede ver que sólo en el punto 3, el que trata del “derecho a la vivienda”, habla de un aspecto que, siempre y cómo se tome, puede ser considerado como revolucionario cuando dice: “Expropiación por el Estado de las viviendas construidas en stock que no se han vendido para colocarlas en el mercado en régimen de alquiler protegido”. Y digo según cómo se tome por cuanto deberían aclarar si esa expropiación se haría con indemnización o sin ella y, en caso de que sí, cuál sería la indemnización a aplicar pues bien podría darse el caso de que las inmobiliarias y los bancos se frotasen las manos si la indemnización propuesta lo es a su precio de antes de la crisis o, incluso, al precio actual de mercado.
Más interesante sería, y eso sin salir del mismo enfoque revisionista, el que, en lugar de dar dinero a los bancos para salir de la crisis, se les diera a las personas que están a punto de perder o que han perdido su vivienda en las mismas o incluso mejores condiciones de las que se les está `prestando a los bancos, para que pudieran hacer frente a los pagos de las hipotecas con lo cual se matarían dos pájaros de un tiro con la misma cantidad de dinero. La gente se quedaría con sus casas y los bancos recuperarían el dinero de las hipotecas.
No, no hay nada de revolucionario en las propuestas de DRY. Quizás, para seguir a Mayor Zaragoza, se pueda decir aquello que “la diferencia entre evolución y revolución es la “r” de responsabilidad” pero no recuerdo ningún momento en la historia en que se hayan logrado avances importantes sin una revolución por muy irresponsable que fuera.
Pues que se vayan aplicando el cuento por si se pasa de un intento de restaurar un orden de cosas que fácilmente podrían haber firmado estadistas tan pocos sospechosos de izquierdismo como Konrad Adenauer, Charles de Gaulle o Edward Heath.