A día de hoy, todos los medios de comunicación traen en sus portadas el tema de la concentración pacífica de
Ciertamente la posición de España no es la misma que la de los países del Norte de África o del Medio Oriente, aún las familias pueden ayudar a los hijos al menos aquéllas en las cuales trabajan los padres pero esta situación cada vez se hace más insostenible máxime cuando el paro, aunque sea mucho más preocupante entre los jóvenes, también está alcanzando las personas de edad media y a quienes están ya cercanos a la jubilación, una jubilación que, en muchos casos, será bastante inferior a lo que están ganando ahora pues no debemos olvidar que a muchas de esas personas –entre ellas a quien esto escribe- les ha tocado vivir todas las crisis habidas y por haber desde 1973 para acá con muchos años de no haber cotizado a
Y si fue entonces cuando supieron qué hacer con las democracias occidentales –en España, como es sabido, tal sistema nos llegó después de iniciada la crisis en un momento en que la derecha extrema hablaba de la “tradicional amistad hispano-árabe”-, ya antes sabían qué hacer con los países en vías de crecimiento como, por ejemplo, en Indonesia o Chile y, en general, en todo el Cono Sur y otros países del mundo.
Ha sido leyendo La doctrina del Shock de Naomi Klein que he empezado a atar muchos cabos. En efecto, conocía en parte la política económica de Pinochet y los Chicago Boys –discípulos de Milton Friedman- habían llevado a cabo en aquel país pero, al tener demasiadas cosas en la cabeza, en ocasiones se pierde de vista el conjunto para detenerse en los aspectos parciales. Este libro, escrito antes del inicio de la actual crisis, en cambio, me ha hecho comparar la situación vivida por los chilenos hace casi cuatro décadas con la que vivimos los españoles… ¡y no he encontrado apenas diferencias! Eso sí, podemos seguir eligiendo a nuestros dictadores cada cuatro años, existe una cierta libertad para que los empresarios de los medios de comunicación elijan qué deben escribir sus asalariados y algunas pocas cosas más de las que carecieron los chilenos a partir de 1973 pero la política económica que se está imponiendo es la misma. Pinochet –como Franco en su día- dijo que era para luchar contra la “subversión marxista” cuando Allende, a pesar de su ideología socialista –nada que ver con la ideología de Zapatero, por cierto-, era un demócrata convencido… claro que eso pudo ser su peor enemigo porque como dijo creo que Chomsky, EEUU podía permitir –es un decir, acordémonos de Bahía Cochinos y todas las sanciones económicas caídas sobre la isla sin olvidar que fue precisamente a partir de este momento cuando Castro se declaró marxista- una dictadura comunista como la cubana pero no un sistema auténticamente socialista y demócrata.
Como iba diciendo –esta manía mía de irme por los Cerros de Úbeda-, los sistemas económicos de Pinochet y Zapatero son, en esencia, los mismo, la única diferencia estriba, por el momento, en la forma de imponerlos: privatización de todo lo privatizable, disminución drástica del gasto público muy especialmente en educación y sanidad ambas privatizadas aunque no en el ministerio de la guerra cuyo gasto se disparó, liberalización absoluta de los capitales extranjeros… y propios, disminución de los impuestos, casi desaparición de la clase media y reducción a la indigencia de una buena parte de los asalariados con índices de paro nunca conocidos en aquel país –aquí aún no hemos llegado al 24 % de la época de Felipe González pero sí hemos alcanzado una cifra récord de casi cinco millones- debido fundamentalmente a una fortísima inflación que, supuestamente, iba a eliminar la teología –no hay error, un sistema de creencias tiende a llamarse, sobre todo las propias, teología mientras que las de “los otros” son llamadas mitologías… quizás más apropiado para hablar de las doctrinas del gurú Friedman y sus acólitos- del neoliberalismo pero que, en el primer año de pinochetismo dobló con creces la más alta conseguida en tiempos de Allende y siendo así que la de éste fue en gran medida provocada por las sanciones encubiertas –y a veces a cara descubierta- de las grandes empresas estadounidenses.
Como es obvio, en aquellos años, las grandes fortunas chilenas se hicieron mucho más grandes, algo similar a lo que vemos que está sucediendo en Chile.
Porque dicen que hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades pero no dicen que, entre 1995 y 2005 según datos europeos, la media de los salarios reales en España cayó un 4 por ciento mientras los beneficios empresariales crecían un 73 % y siguen sin apenas comentar que, a pesar de que España es uno de los países con los salarios más bajos de Europa a pesar de tener una renta media al 94% de la europea a la vez que los altos ejecutivos son los que más ganan de toda Europa… y dicen que somos los trabajadores quienes estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades.
Hay que decir que la forma en que se está imponiendo en España la mitología neoliberal es menos traumática que en Chile pero mucho más eficaz por cuanto se trata de convencer a los trabajadores que deben ir renunciando a sus derechos, uno a uno, poco a poco… aunque en algunas comunidades, muy especialmente Madrid, este experimento se está llevando a un ritmo muy superior porque, si Zapatero es un acólito de Friedman, Aguirre parece una de sus sacerdotisas.
Y es contra este estado de cosas contra la que se está rebelando las personas que acampan en las plazas de las principales ciudades españoles, acampadas que se están extendiendo cada vez más y con cuyas reivindicaciones, obviamente, no puedo más que estar de acuerdo porque, a pesar de lo que digan tantos tertulianos, sí tienen un programa y, además muy claro como puede verse aquí .
Pero, a pesar de todo, creo que esto no debe ser sino un primer paso. Lo que falla en este mundo no es que la democracia burguesa esté mal diseñada, lo que falla es el sistema en sí, es decir, el capitalismo, un sistema que ha sabido mantenerse a la expectativa mientras les iban mal dadas a pesar de su gran crecimiento entre el final de
Por todo ello cada vez estoy más seguro que debemos ir a un sistema socialista y democrático al estilo del defendido en su día por Allende, un sistema en el cual el capital sea –como pregona sin éxito nuestra Constitución- de carácter social y no al servicio de unas elites cada vez más minúsculas pero con mucho más poder.
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