jueves, 19 de mayo de 2011

¿Qué une a Zapatero y Pinochet?: Friedman


A día de hoy, todos los medios de comunicación traen en sus portadas el tema de la concentración pacífica de la Puerta del Sol. Las tertulias radiofónicas y televisivas están llenas de periodistas y comentaristas a quienes esta actitud de una parte de la ciudadanía española –no sólo jóvenes aunque sí mayoritariamente- ha cogido con el pie cambiado y son incapaces de comprender lo que se esconde detrás de esa enorme cantidad de nombres con los que se les conoce. Han creído que ha nacido como las setas y, aunque hasta cierto punto tengan razón, deben saber que para que nazcan las setas se necesitan las esporas –o como quieran reproducirse las setas- y una tierra y unas condiciones atmosféricas dadas. Es decir, tras las setas hay una amplia preparación. Tras el movimiento que, para no entrar en más detalles, voy a denominar “Democracia Real Ya” y, para abreviar, DRY, ha existido una muy larga preparación. Llevo bastante tiempo siguiendo tanto en las redes sociales –especialmente Twitter- y en multitud de blogs y foros la incredulidad de tantas personas ante la pasiva actitud de la ciudadanía española ante la que nos está cayendo desde hace cuatro años.

Ciertamente la posición de España no es la misma que la de los países del Norte de África o del Medio Oriente, aún las familias pueden ayudar a los hijos al menos aquéllas en las cuales trabajan los padres pero esta situación cada vez se hace más insostenible máxime cuando el paro, aunque sea mucho más preocupante entre los jóvenes, también está alcanzando las personas de edad media y a quienes están ya cercanos a la jubilación, una jubilación que, en muchos casos, será bastante inferior a lo que están ganando ahora pues no debemos olvidar que a muchas de esas personas –entre ellas a quien esto escribe- les ha tocado vivir todas las crisis habidas y por haber desde 1973 para acá con muchos años de no haber cotizado a la Seguridad Social entre medias porque, quieran dar a entender lo que quieran, ésta no es la primera crisis que se vive. Aquella primera de 1973 enseñó a los dirigentes económicos del mundo occidental cómo debían actuar para actuar: Cada una de ellas ha marcado un hito en la disminución de los derechos sociales y económicos de los trabajadores como si ellos fueran los culpables de las numerosas crisis. En todas ellas se ha dicho que la causa de la crisis en el fondo era que se había vivido por encima de nuestras posibilidades –los trabajadores, claro, las grandes fortunas no que ellas tienen suficientes ingresos como para no entramparse- y que entonces lo deberíamos pagar.

Y si fue entonces cuando supieron qué hacer con las democracias occidentales –en España, como es sabido, tal sistema nos llegó después de iniciada la crisis en un momento en que la derecha extrema hablaba de la “tradicional amistad hispano-árabe”-, ya antes sabían qué hacer con los países en vías de crecimiento como, por ejemplo, en Indonesia o Chile y, en general, en todo el Cono Sur y otros países del mundo.


Ha sido leyendo La doctrina del Shock de Naomi Klein que he empezado a atar muchos cabos. En efecto, conocía en parte la política económica de Pinochet y los Chicago Boys –discípulos de Milton Friedman- habían llevado a cabo en aquel país pero, al tener demasiadas cosas en la cabeza, en ocasiones se pierde de vista el conjunto para detenerse en los aspectos parciales. Este libro, escrito antes del inicio de la actual crisis, en cambio, me ha hecho comparar la situación vivida por los chilenos hace casi cuatro décadas con la que vivimos los españoles… ¡y no he encontrado apenas diferencias! Eso sí, podemos seguir eligiendo a nuestros dictadores cada cuatro años, existe una cierta libertad para que los empresarios de los medios de comunicación elijan qué deben escribir sus asalariados y algunas pocas cosas más de las que carecieron los chilenos a partir de 1973 pero la política económica que se está imponiendo es la misma. Pinochet –como Franco en su día- dijo que era para luchar contra la “subversión marxista” cuando Allende, a pesar de su ideología socialista –nada que ver con la ideología de Zapatero, por cierto-, era un demócrata convencido… claro que eso pudo ser su peor enemigo porque como dijo creo que Chomsky, EEUU podía permitir –es un decir, acordémonos de Bahía Cochinos y todas las sanciones económicas caídas sobre la isla sin olvidar que fue precisamente a partir de este momento cuando Castro se declaró marxista- una dictadura comunista como la cubana pero no un sistema auténticamente socialista y demócrata.

Como iba diciendo –esta manía mía de irme por los Cerros de Úbeda-, los sistemas económicos de Pinochet y Zapatero son, en esencia, los mismo, la única diferencia estriba, por el momento, en la forma de imponerlos: privatización de todo lo privatizable, disminución drástica del gasto público muy especialmente en educación y sanidad ambas privatizadas aunque no en el ministerio de la guerra cuyo gasto se disparó, liberalización absoluta de los capitales extranjeros… y propios, disminución de los impuestos, casi desaparición de la clase media y reducción a la indigencia de una buena parte de los asalariados con índices de paro nunca conocidos en aquel país –aquí aún no hemos llegado al 24 % de la época de Felipe González pero sí hemos alcanzado una cifra récord de casi cinco millones- debido fundamentalmente a una fortísima inflación que, supuestamente, iba a eliminar la teología –no hay error, un sistema de creencias tiende a llamarse, sobre todo las propias, teología mientras que las de “los otros” son llamadas mitologías… quizás más apropiado para hablar de las doctrinas del gurú Friedman y sus acólitos- del neoliberalismo pero que, en el primer año de pinochetismo dobló con creces la más alta conseguida en tiempos de Allende y siendo así que la de éste fue en gran medida provocada por las sanciones encubiertas –y a veces a cara descubierta- de las grandes empresas estadounidenses.

Como es obvio, en aquellos años, las grandes fortunas chilenas se hicieron mucho más grandes, algo similar a lo que vemos que está sucediendo en Chile.

Porque dicen que hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades pero no dicen que, entre 1995 y 2005 según datos europeos, la media de los salarios reales en España cayó un 4 por ciento mientras los beneficios empresariales crecían un 73 % y siguen sin apenas comentar que, a pesar de que España es uno de los países con los salarios más bajos de Europa a pesar de tener una renta media al 94% de la europea a la vez que los altos ejecutivos son los que más ganan de toda Europa… y dicen que somos los trabajadores quienes estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades.

Hay que decir que la forma en que se está imponiendo en España la mitología neoliberal es menos traumática que en Chile pero mucho más eficaz por cuanto se trata de convencer a los trabajadores que deben ir renunciando a sus derechos, uno a uno, poco a poco… aunque en algunas comunidades, muy especialmente Madrid, este experimento se está llevando a un ritmo muy superior porque, si Zapatero es un acólito de Friedman, Aguirre parece una de sus sacerdotisas.

Y es contra este estado de cosas contra la que se está rebelando las personas que acampan en las plazas de las principales ciudades españoles, acampadas que se están extendiendo cada vez más y con cuyas reivindicaciones, obviamente, no puedo más que estar de acuerdo porque, a pesar de lo que digan tantos tertulianos, sí tienen un programa y, además muy claro como puede verse aquí .

Pero, a pesar de todo, creo que esto no debe ser sino un primer paso. Lo que falla en este mundo no es que la democracia burguesa esté mal diseñada, lo que falla es el sistema en sí, es decir, el capitalismo, un sistema que ha sabido mantenerse a la expectativa mientras les iban mal dadas a pesar de su gran crecimiento entre el final de la Segunda Guerra Mundial y la crisis de 1973, para, cuando ha visto la oportunidad, saltar a la yugular de los trabajadores y pasar de tener un gran crecimiento a unas ganancias fabulosas en el cual, por ejemplo, en Estados Unidos el 1 por ciento de la población ha pasado de tener el 9 % de la riqueza nacional, a tener el 23 % a la vez que el salario real de los estadounidenses bajaba alrededor del 10 % y eso antes del comienzo de la crisis.

Por todo ello cada vez estoy más seguro que debemos ir a un sistema socialista y democrático al estilo del defendido en su día por Allende, un sistema en el cual el capital sea –como pregona sin éxito nuestra Constitución- de carácter social y no al servicio de unas elites cada vez más minúsculas pero con mucho más poder.

No hay comentarios: